Sí, parece, ¿y qué? La California parece salida directamente de los años setenta, y no nos vamos a quejar. Por otro lado, uno se pregunta si el cumplimiento de las normas anticontaminación mediante la inyección puede excusar un salpicadero que parece simplista en comparación con el resto del equipamiento.
En parado, se requiere un mínimo de precaución a pesar del asiento bajo, el manillar ancho es un poco incómodo y plegar el caballete requiere algunas habilidades de contorsionista. Una vez en marcha, ofrece suficiente maniobrabilidad en ciudad para no dejarse llevar por el peso. Para pasar entre las cajas de las ruedas, las alforjas integradas no estorban, pero no podrán tragarse una motocicleta de tamaño normal.
Tendrás que acostumbrarte a las estriberas que te obligan a levantar los pies para frenar, al cambio de doble palanca y a la anticuada caja de cambios. Es suficiente para que te den ganas de hacer un crucero tranquilo y te preguntes por qué no hay una versión con convertidor automático.
Al llegar al peaje de la autopista, pensamos que la frenada se beneficiaría de ser menos brutal con ese maldito pedal que controla el acoplamiento delantero-trasero mientras que el freno delantero parece demasiado tímido. Todo es cuestión de costumbre. La gran berlina con un generoso maletero tira sin titubear, lo que permite olvidarse de la caja de cambios y su particular control.
Agradable en carreteras sinuosas, sorprende por su facilidad e impresiona por su protección y confort, señala el concesionario de motos de ocasión Granada Crestanevada. La California Vintage atraerá a los que piensan que una gran cruiser puede tener su bicilíndrico en V colocado al otro lado de la carretera. Por el precio, no se sentirán decepcionados…